Volver al origen: los periodismos vividos - Directo BC

Volver al origen: los periodismos vividos

La profesión nació por la necesidad de contar los acontecimientos, y las transformaciones tecnológicas y culturales desencadenaron una adaptación hacia nuevas formas de narrar. Hoy, ante cambios y crisis incesantes, la convicción periodística es indispensable.

Por: Luna Mejía 

En el principio todo era humo. Sonidos de teclas que se mezclaban entre sí, mientras todas las historias de las secciones de un periódico iban tomando forma en un papel untado de tinta. En el principio, periodistas afanados tomando café mezclado con unas cuantas cajas de cigarrillo, creando una nube de humo característica de las redacciones ochenteras.

Herramientas infaltables: grabadora, libreta de apuntes y máquina de escribir. Acciones cotidianas: levantar textos, pasarlos por una máquina especial, crear un documento, hacer todo el proceso de edición y mandar la historia a las rotativas de la empresa para leerla en papel periódico y repartirla en los hogares colombianos.

“Siempre había grabadoras con las emisoras conectadas. Una grabadora en Caracol y la otra en RCN. Un televisor para estar mirando los titulares de las noticias. Un reloj para estar pendiente del tiempo de las emisiones. El alboroto propio. El ruido de la televisión, del tráfico fuera, el entrar y salir permanentemente”, recuerda Jorge Cardona, filósofo y periodista colombiano, exjefe de redacción y exeditor general de El Espectador.

Aquel oficio de contar las historias, buscar las primicias y reportar las tragedias nació en la lucha de la humanidad por comunicar y comunicarse libremente y así mismo se fue transformando conforme a su tiempo.


Fuente: El Espectador

Transiciones se asoman

Hasta mediados de los años 90, las reglas del juego eran esas, no existía una manera distinta de hacer periodismo. En 1994 la historia del oficio cambió para siempre. Al trabajo análogo del periodismo, que en ese momento era la tecnología de punta, se le sentó al lado la telefonía móvil y el internet. Estas herramientas  vinieron acompañadas de curiosidad, pero también de incomodidad y confusión.

Cardona recuerda que antes de la llegada de la telefonía móvil, las noticias se daban en un teléfono público a punta de monedas y, esa transición hacia la posibilidad de hablar con alguien desde cualquier lugar, se dió paulatinamente en las redacciones colombianas. Corrían los últimos años de la década de los 90.  Cardona era miembro de la sección Judicial del periódico El Espectador, en el cual, en el intento de adaptarse al cambio sin quebrar en el intento, le entregaron un teléfono móvil a cada una de las secciones.

Con el cambio de siglo las transiciones parecían ser cada vez más rápidas, pero según cuenta Cardona, los periodistas llegaban tarde al panorama. “En el año 2000, en la redacción había una pantalla con internet. Era una para toda la redacción, y los que se asomaban a ella realmente eran personas jóvenes y los más gomosos que se atrevían a ir a cacharrear con esos equipos. Pero el resto, yo diría que entró tarde. Las redacciones reaccionaron muy tarde”.

El sacudón fue considerable. De un momento a otro empezó a existir una pantalla en la cual se podían leer artículos, y con ello se asomaba la configuración de todo un mundo digital que no daría espera para el periodismo. Cómo en todo cambio, las molestias comenzaron a aparecer. “En el periódico existió una redacción digital aparte de la redacción del periódico, y muchas veces los que hacían el impreso [el periódico de papel] miraban con soslayo a los que hacían punto com [el diario digital] porque era como si fuera una redacción menor”, cuenta Cardona.

Así, los periodistas con mayor trayectoria en las redacciones en el país abrazaron la idea de que todo tiempo pasado fue mejor y se aferraron a la necesidad de comodidad. “Hubo varios de mis [colegas] mayores que siempre conservaron su máquina de escribir dentro de la redacción, la utilizaban y eran muy reacios a pasarse al computador”, añade el periodista y filósofo.

Durante la primera década de los 2000, las máquinas de escribir se guardaron en un armario donde ahora, en vez de hacer posibles las historias, se convirtieron en una historia más. Con los cambios de las máquinas y, con la llegada del internet, comenzaron a existir nuevos formatos para contar historias en clave periodística.

Los escritorios se adornaron, entonces, de computadores robustos, ruidosos y complejos. La escritura dejó de sonar a máquina de escribir y pasó a sonar al tacto silencioso de los dedos contra las letras, ahora puestas en un teclado compacto y menos aparatoso. Las facturas de la luz subieron y empezaron a llegar con recibos de gastos de internet y telefonía. El mundo cambió y el periodismo, más tarde que temprano, se adaptó.

Fuente: Canva

La inmediatez llegó sin avisar

Jorge Cardona llegó al periódico El Espectador en 1993. Hace unos años, después de más de cuatro décadas de trabajo, decidió pensionarse. “Yo viví esa misma realidad, ya cercano al tiempo de pensionarme tenía más dificultades tecnológicas y apelaba a la gente más joven para tratar de resolver esas tareas”.

Él vivió estas transiciones: comenzó en el oficio haciendo periodismo análogo, se adaptó a la llegada del internet y de la telefonía móvil, escribió en computadores robustos con teclados más silenciosos, y se despidió del periódico después de la llegada de la redes sociales y los smartphones.

Del 2010 en adelante, Cardona afirma que ha existido un “acelere tremendo, porque hoy el periodista está obligado a saber editar, a saber resolver una cantidad de cosas. Todo lo resuelve en un dispositivo celular, ahí tiene su grabadora, tiene su forma de hacer video y  tiene su forma de hacer audio”.

Es así como la rapidez propia de los últimos 20 años ha cambiado radicalmente la forma en la que hacemos periodismo. La virtualidad generó que las salas de redacción mutarán al silencio de un escritorio y una pantalla individual, encapsulada. Los computadores robustos y ruidosos ahora son portátiles que cada quien transporta a donde necesite. Se acabó el ruido, se desvaneció el humo.

El mundo se volvió digital. Las entrevistas se convirtieron en preguntas en un chat de Whatsapp. La corrección de estilo ahora la hace una inteligencia artificial. El alcance se mide con likes, número de visualizaciones y posicionamiento en redes sociales. Todo cambia y no deja de mutar. Las audiencias, antes pasivas, ahora son partícipes, pues cualquier persona puede subir un reel, una historia, un hilo en X. El mundo no se detiene y el periodismo parece no saber hacia dónde caminar. El panorama es convulso, agotador.

Herramientas que cambian, valores que deben permanecer

Siempre han existido unos cánones básicos de la labor periodística: un trabajo bien escrito, una ética profesional transversal, la importancia de contrastar fuentes, de buscar la verdad infaliblemente, de la revisión, de la edición, del trabajo honesto y justo. Cardona afirma que aunque las herramientas cambian, mutan y se transforman, los valores del periodismo de calidad deben permanecer: “No se puede perder de vista el oficio, los cánones y los estándares del control de calidad que tiene el periodismo”.

Por sobre todas las cosas, debe existir una claridad personal del propósito de hacer periodismo. Se debe tener claro cuál es el motor, el objetivo, el propósito final de dedicarse a la profesión. Cardona sostiene que, más allá de los cargos que se asuman en un medio de comunicación a lo largo de una carrera periodística, se debe llevar siempre adelante la obra que cada quien quiere que lo represente, eso que quiere dejarle al mundo. El testaferro individual de la convicción periodística.

Por encima de las estructuras, de los modelos de negocio y de los intereses políticos se debe llevar en alto la bandera de un periodismo honesto y profundamente propio. El oficio sobrevive gracias a la pasión de sus periodistas y debe enaltecer aquello que inunda de pasión cada historia y cada texto, debe hacerle justicia a las transformaciones, a las adaptaciones, al ejercicio certero de comunicarse libremente.

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